LA REVOLUCIÓN DE LAS PALANCAS NO ALCANZA


El inolvidable 8-2 de Bayern Munich al Barcelona de Messi por Champions en Agosto del 2020 fue una señal clara para el barcelonismo. Se había tocado fondo. Un equipo acostumbrado al éxito (34 títulos entre 2004 y 2019). Sufría un bochorno mayúsculo, a pesar de tener al mejor jugador del mundo. Sin embargo, el potente Bayern de Hansi Flick aplastó a un Barca sin intensidad en lo que pareció, o debió ser el cierre de un ciclo.


Piqué ofrecía salir del club si una de las soluciones pasaba por él, Messi ya se veía muy lejos de volver a ganar la orejona (2015 fue la última) con el Barca. Sin embargo, no hubo claridad en cómo renovar al equipo. Un diagnóstico errado condujo a la dirección deportiva por ciertas decisiones no solo difíciles de entender, sino que de pasada terminaron por fortalecer a rivales como el Atlético Madrid que recibió con los brazos abiertos a un Luis Suárez practicamente regalado y erróneamente señalado después de la peor goleada en la historia del Barcelona por Champions League.


¿Qué decía la Data Performance en ese momento?


Que Suárez (8,72 Index) era el 3° mejor centrodelantero de esa Champions solo por debajo de Lewandowsky (9,86 Index) y de Cristiano Ronaldo (9 Index). La salida del uruguayo y la ratificación de Griezmann (7,09 Index) fue una fractura que se pagó muy caro cuando a final de temporada el Atlético Madrid se proclamaba campeón de Liga con Suárez como su goleador con 21 goles.


Que el evidente problema de intensidad y velocidad que dejó al descubierto el Bayern pasaba por encontrar renovación en un bloque defensivo ya lento. Semedo, Lenglet, Sergi Roberto, Busquets, De Jong y Vidal fueron los peores rendimientos del Barca la noche del 8-2. Sin embargo, solo Semedo y Vidal salieron además de Rakitic, Suárez y Arthur.


Ronald Koeman fue el elegido para sacar el proyecto adelante, aunque los problemas financieros ya se hicieron evidentes sin grandes contrataciones. El club apostó por las recuperaciones de Dembelé, Coutinho y Umtiti pero por sobre todo, dar rodaje a la cantera con las apariciones, sin mucha gradualidad, de Ansu Fati y Pedri. Dos chicos de gran calidad pero que estaban lejos de poder llevar en sus hombros el peso de un equipo acostumbrado a ganarlo todo.


Al final esta renovación, un poco forzada a la vez que necesaria, sería el gran sostén de Koeman, que nunca terminó por encontrar un gran funcionamiento para el equipo. Un Messi enredado por el famoso tema del burofax vio como la Copa del rey de 2021 terminaría siendo su último título para una temporada opaca donde los chicos se foguearon, pero decepcionantes rendimientos de Griezmann y Coutinho además del modesto grupo de refuerzos (Dest, Trincao y Braithwaite), redondearon el último año de Messi en el Barca.

La temporada 2021-22 debió arrancar con un cambio de entrenador, pero la profunda crisis financiera de los culés le impidió a Laporta despedir de entrada a Koeman. Ya sin Messi y nuevamente sin grandes refuerzos, el arranque de temporada en Champions fue para el olvido. Dos 0-3 frente al ya verdugo Bayern Munich y el Benfica llevaron la situación de Koeman al límite.

Asumiría Xavi en una temperada que arrancó trunca, con la misión de preparar al equipo de cara a una nueva temporada. Se redobló la apuesta por los chicos de casa con la irrupción de Gavi y Nico pero con refuerzos discretos la historia no cambio demasiado en resultados aunque el paladar culé si vio su clásico sello en el juego del equipo de Xavi. Era una temporada de transición para lo que se venía.


LAPORTA TIRA DE LOS ACTIVOS FUTUROS DEL CLUB


Las mediáticas palancas de Laporta permitieron el fichaje de Lewandowsky, Koundé, Raphina y algunos más que ilusionaron a los catalanes. Sin embargo, algunas cosas no se terminaron de ajustar en la plantilla. En defensa solo Koundé da garantías, Jordi Alba ha sido postergado inexplicablemente por otro chico que ha sumado la confianza de Xavi como Balde pero incluso se fichó a Marcos Alonso que ha terminado jugando de central zurdo. La fragilidad del inamovible Eric García se suma a un Piqué ya de bajada, un nuevo lateral derecho de conocida fragilidad como Bellerín y las clásicas lesiones que siempre complican (Christensen, Araujo y Sergi Roberto). Al medio Busquets que había logrado recuperar el nivel después de un muy mal cierre en 2020 sufre contra rivales intensos (derby y Champions) ha sido insistentemente acompañado por Pedri y Gavi, dos chicos de gran futuro y presente, pero chicos a fin de cuentas.

El penal no cobrado en Milán o los goles que erró Lewandowsky en su vuelta a Munich serán los recuerdos de una Champions que pudo ser mejor pero lo cierto es que en la 4ª fecha del grupo el equipo estaba prácticamente eliminado. La derrota con claridad en el derby contra el Real Madrid, la eliminación de Champions en la 5ª fecha pone al Barcelona de las palancas en Europa League y tratando de no perder el tranco en Liga contra un Madrid que se ve muy consolidado.


La reconstrucción ya es tangible en cuanto a estilo, pero no en los resultados. El recambio con los chicos de cantera es una realidad, un poco forzada, que pinta bien a futuro pero que no ha dado por ahora para volver a pelear con los grandes de Europa.